
El sistema muscular constituye una parte fundamental del organismo, no
solo por su participación en el movimiento, sino también por su contribución al
mantenimiento de unas condiciones internas estables. En la siguiente entrada se
iniciará la Fisiología del ejercicio abordando la constitución de la
musculatura, sus principales funciones y los tipos de tejido muscular,
relacionándolos con la capacidad del organismo para mantener la homeostasis.
Constitución y funciones del sistema muscular [Fisiología del
ejercicio] [LCAFD]
La musculatura representa una parte importante
del peso corporal. Aproximadamente, el 40 % del peso corporal corresponde al
músculo esquelético, mientras que otro 10 % corresponde a la musculatura lisa y
cardíaca. Esta presencia demuestra la importancia del tejido muscular en el
funcionamiento general del organismo.
Entre sus funciones principales destaca,
en primer lugar, el movimiento, ya
que la contracción de los músculos esqueléticos permite desplazar el cuerpo y
realizar diferentes acciones. Además, la musculatura interviene en la
estabilidad y el mantenimiento de la postura, permitiendo mantener el cuerpo en
equilibrio tanto durante el movimiento como en situaciones estáticas.
Otra función esencial es la termogénesis, es decir, la producción de calor mediante la
actividad muscular. La contracción de los músculos genera una cantidad
considerable de calor y contribuye a mantener la temperatura corporal. Por
ello, ante temperaturas bajas, el organismo puede producir contracciones
musculares involuntarias, como los escalofríos, para aumentar la producción de
calor. La musculatura también contribuye a la protección de determinados tejidos y órganos, gracias a la
estructura y disposición de algunos grupos musculares.
Desde el punto de vista de la homeostasis, el
sistema muscular participa en un proceso continuo en el que los diferentes
sistemas corporales trabajan conjuntamente para mantener unas condiciones
internas adecuadas. El movimiento, la producción de calor y el mantenimiento de
la postura son ejemplos de cómo la actividad muscular ayuda a conservar ese
equilibrio, fundamental para la supervivencia y el correcto funcionamiento de
las células.
En cuanto a los tipos de tejido muscular, se distinguen
principalmente el tejido estriado, presente en la musculatura esquelética y
cardíaca, y el tejido liso, que forma parte de diferentes órganos internos.
Cada uno presenta características y funciones específicas, adaptadas a las necesidades
del organismo.

Imagen. La musculatura interviene en la estabilidad y mantenimiento de postura.
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