
La planificación del entrenamiento en los deportes de equipo requiere
una forma de entender el proceso diferente de la utilizada tradicionalmente en
los deportes individuales. Muchos de los principios clásicos del entrenamiento
se han trasladado a los deportes de equipo sin tener en cuenta las
características propias de estos. Estos principios se apoyan en una visión
basada en la progresividad, la jerarquización y la simplificación de los
fenómenos del entrenamiento. Sin embargo, los deportes de equipo presentan una
realidad mucho más compleja, en la que intervienen simultáneamente numerosos
factores y relaciones.
Por este motivo, se
propone abandonar una concepción excesivamente lineal del entrenamiento y adoptar
una perspectiva holística que permita comprender el deporte como un sistema
complejo y cambiante. En la siguiente entrada de abordará la complejidad de los
deportes de equipo y la necesidad de la planificación iniciando de este modo los
fundamentos de la planificación deportiva.
La complejidad de los deportes de equipo y
necesidad de la planificación [Planificación del entrenamiento en los deportes
de equipo] [Rendimiento]
En los deportes de equipo interactúan
continuamente los jugadores y las diferentes estructuras que los
componen, dentro de un entorno caracterizado por la variabilidad y la
incertidumbre. Las situaciones de juego no pueden determinarse
completamente de antemano, ya que aparecen episodios indeterminados y aleatorios
relacionados con las decisiones de los jugadores, las acciones de los
compañeros y adversarios y las circunstancias concretas de cada situación. Por
tanto, el rendimiento no puede explicarse
atendiendo únicamente a un factor aislado.
No debe centrarse en aquellos modelos que
conceden una importancia exclusiva o predominante a determinados aspectos, como
los biomecánicos, bioquímicos, bioenergéticos o psicomotrices, relegando el
resto a un segundo plano. Esta forma de analizar el entrenamiento resulta
insuficiente para explicar la realidad de los deportes de equipo,
porque sus diferentes componentes interactúan constantemente entre sí.
En consecuencia, es necesario adoptar una
concepción holística de la planificación. Esto implica reconocer que
en el juego conviven fenómenos como el orden y el desorden, lo preciso y lo
impreciso, la autoorganización y la heteroorganización, así como las
interacciones y retroacciones entre los diferentes elementos. La
planificación debe ser capaz de respetar esta complejidad en lugar
de intentar eliminarla mediante modelos rígidos y cerrados.
Desde esta perspectiva, planificar significa prever y secuenciar
los acontecimientos necesarios del entrenamiento, pero sin convertir
esa secuenciación en un proceso rígido y lineal. Las propuestas deben permitir
que permanezcan las interacciones cambiantes entre los sistemas y favorecer las
relaciones entre el tiempo y el espacio propias del juego. El objetivo no consiste simplemente
en desarrollar al máximo una cualidad concreta, sino en favorecer la
optimización de los diferentes sistemas que interactúan en el jugador.
Es dentro de esta concepción donde aparece la
propuesta de la microestructuración,
una forma de planificación que vive dentro de la complejidad del ecosistema del
juego deportivo y que respeta la organización del jugador como ser vivo. El
jugador se encuentra en un estado de desequilibrio dinámico que se estabiliza
temporalmente mediante las interacciones que experimenta en el entorno
deportivo. Por ello, los acontecimientos de entrenamiento deben
diseñarse teniendo en cuenta tanto esta condición como la incertidumbre y la
irreversibilidad propias de la competición.
Así, los acontecimientos del entrenamiento no deben
entenderse únicamente como ejercicios. Incluyen todas aquellas situaciones que
vive el jugador dentro del equipo y que pueden contribuir a su optimización,
como las propias tareas de entrenamiento, las competiciones, los medios de
recuperación y otros acontecimientos relacionados con su vida deportiva.
En definitiva, la complejidad de los deportes de equipo
hace necesario superar los modelos tradicionales basados en la linealidad, la
progresividad y la jerarquización de los factores del rendimiento. El juego deportivo
se caracteriza por la interacción permanente entre múltiples estructuras, la
incertidumbre, la variabilidad y la aparición de situaciones que no pueden preverse
completamente.
Por ello, la planificación debe adoptar una perspectiva holística y
abierta, capaz de adaptarse a las condiciones cambiantes del
jugador, del equipo y de la competición. La propuesta de microestructuración
responde precisamente a esta necesidad, ya que pretende organizar los
acontecimientos del entrenamiento sin eliminar la complejidad inherente al
juego. De este modo, la planificación deja de ser un programa rígido y pasa a
convertirse en un proceso dinámico orientado a la optimización global del
jugador dentro del ecosistema deportivo.

Imagen. La planificación del entrenamiento no presenta una estructura rígida.
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