
El Neuroconstructivismo plantea que el
desarrollo humano es el resultado de la interacción continua entre múltiples
componentes biológicos, cognitivos, corporales y sociales. Desde esta
perspectiva, los trastornos del desarrollo
no pueden explicarse únicamente por una alteración genética o cerebral
concreta, sino por la influencia recíproca entre distintos niveles del sistema
en desarrollo. Así, las diferencias en la experiencia, el ambiente y la
actividad del propio individuo generan trayectorias evolutivas particulares que
afectan al proceso de especialización funcional. En este contexto, surgen
distintos niveles de organización superior que permiten comprender de manera
más amplia y compleja cómo se construye el desarrollo tanto típico como
alterado. En la siguiente entrada volvemos con Fundamentos sobre Alteraciones del desarrollo abordando los niveles
de organización desde la visión neuroconstructivista.
Niveles de organización desde el neuroconstructivismo [Introducción
a los tratamientos]
El Neuroconstructivismo
sostiene que los distintos componentes del sistema (genes, neuronas, cerebro,
cuerpo y entorno social) interactúan constantemente y generan restricciones
mutuas que condicionan el desarrollo. A partir de estas interacciones emergen diferentes niveles de organización superior: engenement, encellement, embrainment,
embodiment y ensocialment. Estos niveles aparecen tanto en el desarrollo típico
como en los trastornos del desarrollo, rechazando la idea clásica de una
causalidad lineal y única.
En el nivel de engenement,
se considera que los genes forman parte activa del sistema y que su expresión
depende también de la influencia ambiental. Desde esta perspectiva, los genes
no determinan directamente funciones psicológicas, sino que actúan mediante
procesos de bajo nivel que desencadenan efectos en cascada durante el
desarrollo. Un ejemplo es el caso de la familia KE y la alteración del gen
FOXP2. Aunque muchos miembros presentaban dificultades lingüísticas, el
Neuroconstructivismo explica que el gen no afecta directamente al lenguaje,
sino a procesos básicos como el procesamiento temporal y la coordinación
motora, fundamentales para el desarrollo lingüístico.
En relación con el nivel neural y cerebral, se plantea que el cerebro se desarrolla mediante
procesos dependientes de la actividad y de la interacción entre distintas
regiones cerebrales. A través de la denominada especialización interactiva, las
áreas cerebrales se vuelven progresivamente más específicas y forman redes
neuronales cada vez más integradas y eficientes. En los trastornos del
desarrollo existirían alteraciones iniciales difusas que afectan a la
conectividad cerebral y, por tanto, al proceso de especialización. Además, la
experiencia desempeña un papel esencial en la configuración cerebral. Por
ejemplo, en el síndrome de Williams se ha observado una reducción del córtex
parietal asociada a dificultades numéricas, aunque desde el
Neuroconstructivismo se plantea que dicha alteración podría ser consecuencia de
experiencias atípicas con los estímulos numéricos a lo largo del desarrollo y
no necesariamente una causa inicial.
El nivel de embodiment
destaca la importancia del cuerpo en el desarrollo cognitivo. El cuerpo actúa
como filtro de información, soporte físico y medio de interacción con el
entorno. Un ejemplo significativo aparece en bebés con alto riesgo genético de
presentar TEA. El retraso en la adquisición de la sedestación sin apoyo se
relaciona con dificultades posteriores en el lenguaje, ya que estar sentado
facilita el balbuceo, la exploración manual, la atención conjunta y el uso de
gestos comunicativos. Este ejemplo refleja claramente cómo pequeñas variaciones
iniciales pueden generar efectos en cascada sobre otras áreas del desarrollo.
Por último, el nivel de ensocialment
resalta la influencia de la interacción social y familiar en el desarrollo
infantil. Desde una visión transaccional, se entiende que niño y cuidadores se
influyen mutuamente desde los primeros momentos de vida. En familias de niños
con riesgo de trastornos del desarrollo, la preocupación y la percepción de
posibles alteraciones pueden modificar los estilos de interacción parental. Por
ejemplo, se ha observado que algunos padres adoptan estilos más directivos con
bebés de alto riesgo de TEA, lo que puede afectar negativamente a la
implicación social del niño. Sin embargo, también se reconoce la capacidad de
las familias para desarrollar estrategias compensatorias y favorecer el
desarrollo del menor.
En conclusión, el Neuroconstructivismo ofrece una visión compleja e integradora de
los trastornos del desarrollo,
situando el propio desarrollo como eje central de explicación. Frente a modelos
reduccionistas y lineales, esta perspectiva defiende que las alteraciones
evolutivas surgen de la interacción dinámica entre factores genéticos,
cerebrales, corporales, experienciales y sociales. Los distintos niveles de organización permiten comprender cómo pequeñas diferencias iniciales
pueden generar efectos en cascada que modifican la trayectoria evolutiva de la
persona. De este modo, el Neuroconstructivismo proporciona un marco explicativo
más amplio y comprensivo para entender tanto el desarrollo típico como el
alterado.

Imagen. Nivel de ensocialment en el desarrollo.
Bibliografía:
- Gutiérrez Bermejo, B. y Brioso Díez, A. (Coords.) (2020). Desarrollos diferentes. Sanz y Torres.
- Martínez-Castilla P. (2025). Fundamentos del estudio de las alteraciones de desarrollo. UNED.







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