12 jul 2026

La colaboración de los padres con el entrenador en el deporte infantil [Psicología deportiva]

En el deporte infantil y juvenil, tanto los padres como los entrenadores desempeñan un papel fundamental en la formación de los jóvenes deportistas. Aunque cada uno tiene funciones y responsabilidades diferentes, ambos deben trabajar de forma coordinada y respetuosa, ya que el objetivo principal es favorecer el desarrollo personal y deportivo de los chicos. Por ello, es esencial que exista una buena relación basada en la confianza, la comunicación y el respeto mutuo. En la siguiente entrada de Psicología deportiva seguimos abordando la importancia del entrenador en los jóvenes deportistas y su relación con las familias.



La colaboración de los padres con el entrenador en el deporte infantil [Psicología deportiva]

El entrenador necesita disponer de autonomía para desarrollar su labor, mientras que los padres no deben renunciar a su responsabilidad de velar por el bienestar y la educación de sus hijos. En lugar de enfrentarse o invadir el espacio del otro, ambas partes deben entender que están "condenadas a entenderse" por el bien de los verdaderos protagonistas: los jóvenes deportistas. El deporte no debe utilizarse para satisfacer las aspiraciones personales de los adultos, sino como una herramienta educativa que fomente valores y contribuya al crecimiento integral de los menores.

Por este motivo, los padres también tienen la responsabilidad de conocer quién está al frente de la formación deportiva de sus hijos. Es importante valorar aspectos como la edad, la experiencia y la formación del entrenador, pero también su filosofía sobre el deporte infantil, sus métodos de trabajo y, sobre todo, los valores que transmite dentro y fuera del terreno de juego. Un buen entrenador debe ser un ejemplo de respeto hacia los rivales, los árbitros y sus propios jugadores.

Además, existen una serie de cualidades que caracterizan a un entrenador de calidad. Debe transmitir entusiasmo, confianza y pasión por el deporte, crear un ambiente positivo, motivar a los jóvenes según sus capacidades y promover valores como el esfuerzo, el respeto, el compañerismo y la deportividad, situando siempre la formación de la persona por encima de los resultados deportivos.

Por otra parte, muchos entrenadores jóvenes cuentan con poca experiencia, por lo que resulta fundamental que los clubes y las escuelas deportivas inviertan en su formación continua y les proporcionen el apoyo necesario mediante la supervisión de directores deportivos. Los padres, por su parte, deben mostrar paciencia y evitar interferir en funciones que corresponden a la entidad deportiva.

Asimismo, conviene valorar el papel de los entrenadores veteranos, cuya experiencia y vocación educativa pueden aportar grandes beneficios a los jóvenes deportistas. Su capacidad para enseñar, orientar y transmitir valores constituye un recurso muy valioso que, en muchas ocasiones, no se aprovecha suficientemente.

En definitiva, la formación deportiva de los jóvenes es una responsabilidad compartida entre padres, entrenadores y clubes. Cuando todos colaboran, respetan sus funciones y trabajan con un objetivo común, el deporte se convierte en una auténtica herramienta educativa que favorece el desarrollo personal, social y deportivo de los niños y adolescentes. Por ello, la comunicación, la confianza y la transmisión de valores deben situarse siempre por encima de los intereses personales y de los resultados competitivos.

Imagen. El entrenador de fútbol base debe crear un ambiente positivo con los jóvenes.


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