12 ene 2026

Introducción al esquema A-B-C [Terapia Cognitivo-Conductual]

El esquema A-B-C es un modelo fundamental en la terapia de conducta y es compartido tanto por el enfoque cognitivo como por el contextual. Aunque ambos utilizan la misma estructura básica, difieren en su lógica explicativa y en su aplicación clínica. Precisamente, esta presencia en ambos enfoques lo convierte en una herramienta clave para su caracterización conjunta. En la siguiente entrada introducimos el enfoque cognitivo y enfoque contextual de la Terapia de conducta en un nuevo contenido sobre la Caracterización de la Intervención Clínica.


Introducción al esquema A-B-C [Terapia Cognitivo-Conductual]

En el enfoque cognitivo, el esquema A-B-C fue propuesto originalmente por Albert Ellis en la década de 1960 y posteriormente ampliado por otros autores como Beck. En este modelo, A representa los acontecimientos o situaciones de vida, B las creencias, pensamientos e interpretaciones que la persona tiene sobre esos acontecimientos, y C las consecuencias emocionales y conductuales, que pueden manifestarse como problemas o trastornos psicológicos. El elemento central es la mediación cognitiva: no son los acontecimientos en sí los que generan el malestar, sino la forma en que son interpretados. La intervención se centra en identificar y modificar creencias irracionales o distorsionadas mediante una relación colaborativa entre terapeuta y cliente, incorporando la discusión (D) y la experimentación (E) como partes integradas del proceso terapéutico.

Por su parte, el enfoque contextual plantea una lógica diferente. Aquí, B corresponde a la conducta (verbal o no verbal), C a las consecuencias que la mantienen (reforzadores o extinción), y A las condiciones antecedentes bajo las cuales ocurre la conducta. Este enfoque se basa en el análisis funcional y en la llamada contingencia de tres términos, entendida como una unidad inseparable entre antecedentes, conducta y consecuencias. Los problemas psicológicos se conceptualizan en términos de repertorios conductuales inadecuados o de una regulación deficiente de la conducta. La evaluación consiste en un análisis funcional detallado, y la intervención se orienta a modificar las condiciones antecedentes y consecuentes mediante estrategias como la exposición, el manejo directo de contingencias y el control verbal, otorgando un papel central al lenguaje como conducta susceptible de análisis e intervención.

En resumen, el esquema A-B-C constituye un marco común que, aunque compartido por los enfoques cognitivo y contextual, adquiere significados y aplicaciones distintas en cada uno. Mientras el enfoque cognitivo enfatiza la mediación de las creencias y pensamientos en la génesis del malestar psicológico, el enfoque contextual se centra en el análisis funcional de la conducta y sus contingencias. Ambos modelos aportan herramientas valiosas para la evaluación e intervención clínica, y su comparación permite comprender mejor la diversidad de perspectivas dentro de la terapia de conducta y la riqueza de sus aplicaciones terapéuticas.

Imagen. Albert Ellis propuso originalmente el esquema A-B-C. 

Bibliografía: Pérez Álvarez, M. (2023). Caracterización de la Intervención clínica en terapia de conducta. En M. A. Vallejo y M.F Rodríguez (coord.), Lecciones de terapia de conducta (pp 22-49). Dykinson.


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