
El esquema A-B-C es un
modelo fundamental en la terapia de conducta y es compartido tanto por el
enfoque cognitivo como por el contextual. Aunque ambos utilizan la misma
estructura básica, difieren en su lógica explicativa y en su aplicación
clínica. Precisamente, esta presencia en ambos enfoques lo convierte en una
herramienta clave para su caracterización conjunta. En la siguiente entrada
introducimos el enfoque cognitivo y enfoque contextual de la Terapia de conducta en un nuevo contenido
sobre la Caracterización de la Intervención Clínica.
Introducción al esquema A-B-C [Terapia
Cognitivo-Conductual]
En el enfoque cognitivo, el esquema A-B-C fue
propuesto originalmente por Albert Ellis en la
década de 1960 y posteriormente ampliado por otros autores como Beck. En
este modelo, A representa los acontecimientos o situaciones de vida, B las
creencias, pensamientos e interpretaciones que la persona tiene sobre esos
acontecimientos, y C las consecuencias emocionales y conductuales, que pueden
manifestarse como problemas o trastornos psicológicos. El elemento central es la mediación cognitiva: no son los
acontecimientos en sí los que generan el malestar, sino la forma en que son
interpretados. La intervención se centra en identificar y
modificar creencias irracionales o distorsionadas mediante una relación
colaborativa entre terapeuta y cliente, incorporando la discusión (D) y la
experimentación (E) como partes integradas del proceso terapéutico.
Por su parte, el enfoque contextual plantea una lógica diferente. Aquí, B corresponde
a la conducta (verbal o no verbal), C a las consecuencias que la mantienen
(reforzadores o extinción), y A las condiciones antecedentes bajo las cuales
ocurre la conducta. Este enfoque se basa en el análisis funcional y en la llamada contingencia de tres términos,
entendida como una unidad inseparable entre antecedentes, conducta y
consecuencias. Los problemas psicológicos se conceptualizan en términos de
repertorios conductuales inadecuados o de una regulación deficiente de la
conducta. La evaluación consiste en un análisis funcional detallado, y la
intervención se orienta a modificar las condiciones
antecedentes y consecuentes mediante estrategias como la exposición, el manejo
directo de contingencias y el control verbal, otorgando un papel central al
lenguaje como conducta susceptible de análisis e intervención.
En resumen, el esquema A-B-C constituye
un marco común que, aunque compartido por los enfoques cognitivo y contextual,
adquiere significados y aplicaciones distintas en cada uno. Mientras el enfoque
cognitivo enfatiza la mediación de las creencias y pensamientos en la génesis
del malestar psicológico, el enfoque contextual se centra en el análisis
funcional de la conducta y sus contingencias. Ambos modelos aportan
herramientas valiosas para la evaluación e intervención clínica, y
su comparación permite comprender mejor la diversidad de perspectivas dentro de
la terapia de conducta y la riqueza de sus aplicaciones terapéuticas.

Imagen. Albert Ellis propuso originalmente el esquema A-B-C.
Bibliografía: Pérez
Álvarez, M. (2023). Caracterización de la Intervención clínica en terapia de
conducta. En M. A. Vallejo y M.F Rodríguez (coord.), Lecciones de terapia de
conducta (pp 22-49). Dykinson.
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