
El ser humano, y por
tanto el deportista, constituye una estructura extremadamente compleja formada
por diferentes estructuras que se encuentran relacionadas entre sí. El
funcionamiento del organismo no puede entenderse como la actuación
independiente de cada una de sus partes, ya que cualquier modificación que
afecte a una estructura puede repercutir también sobre las demás y sobre la
manera en que se relacionan entre ellas. Esta idea resulta especialmente
importante en el ámbito deportivo, puesto que el rendimiento de un jugador
depende de la interacción de múltiples capacidades y sistemas. En la siguiente
entrada comenzamos a abordar las capacidades
cognoscitivas y la táctica de deportes de equipo, concretamente los fundamentos de la táctica y el juego,
centrada en el mundo del rendimiento deportivo.
Las capacidades humanas y cognoscitivas [Capacidades
cognoscitivas y la táctica en deportes de equipo] [Rendimiento]
El organismo humano presenta diferentes
niveles de organización. Las células se agrupan para formar tejidos,
los tejidos constituyen órganos y los órganos se integran en diferentes
aparatos y sistemas. Entre ellos encontramos, por ejemplo, el aparato
respiratorio, el digestivo, el circulatorio, el sistema muscular, el sistema
locomotor o el sistema nervioso. Estos sistemas no funcionan de manera aislada,
sino que están relacionados entre sí, de manera que una modificación en un
órgano puede afectar tanto a las células que lo forman como a los diferentes
sistemas en los que participa. Del mismo modo, una alteración en un sistema puede
repercutir sobre los órganos que lo integran y, posteriormente, sobre otros
sistemas relacionados. Por este motivo, el cuerpo humano debe entenderse como
una estructura compleja e interrelacionada.
La forma en que todos estos sistemas se
relacionan entre sí y con el entorno determina las diferentes capacidades que
posee el ser humano. Estas capacidades son muy variadas y pueden
estar relacionadas tanto con el funcionamiento de los propios sistemas como con
la interacción con el medio. Entre ellas se encuentran la capacidad de realizar
una contracción muscular, desplazarse, combinar movimientos, adaptarlos a un
determinado ritmo o captar información y compararla con información previamente
conocida. Además, una misma capacidad puede estar sustentada por uno o varios sistemas,
mientras que un mismo sistema puede intervenir en el desarrollo de diferentes
capacidades. Por ello, cuando se trabaja o se mejora una determinada capacidad,
no se modifica únicamente un elemento aislado, sino que se produce una repercusión
sobre el conjunto de la estructura del deportista.
Para facilitar su análisis, las capacidades
humanas se agrupan en tres grandes tipos: capacidades condicionales,
capacidades coordinativas y capacidades cognoscitivas.
- Las capacidades condicionales corresponden a las capacidades físicas y comprenden aspectos como la fuerza, la resistencia y la velocidad.
- Las capacidades coordinativas permiten controlar los movimientos, incluyendo aspectos como la discriminación kinestésica, la diferenciación segmentaria, la variabilidad del movimiento o la combinación de movimientos.
- Las capacidades cognoscitivas son aquellas que permiten al deportista procesar la información procedente tanto de sí mismo como del entorno.

Imagen 1. Interacción de las capacidades condicionales, coordinativas y cognoscitivas durante el juego.
Gracias a las cognoscitivas, el jugador puede
percibir objetos y situaciones, analizarlos de manera global o por partes,
distinguir la información relevante de aquella que resulta secundaria,
identificar patrones, descodificar mensajes visuales o auditivos, procesar la
información y tomar decisiones. También intervienen en procesos como la
generalización, la elaboración de explicaciones y la resolución de problemas.
Estas capacidades cognoscitivas pueden
agruparse, a su vez, en tres grandes grupos: la percepción y el
análisis de la situación, el procesamiento de la información y la toma de
decisiones, y las capacidades de ejecución de las decisiones tomadas. Esta
clasificación permite comprender que la actuación del jugador no consiste
simplemente en ejecutar un movimiento, sino que existe un proceso previo
mediante el cual debe interpretar lo que sucede, seleccionar la información
relevante, decidir qué hacer y finalmente llevar a cabo la respuesta elegida.
La importancia de las diferentes capacidades depende del
tipo de deporte. En los deportes caracterizados por una elevada
interacción con el entorno y, especialmente, con los adversarios, las
condiciones cambian constantemente. En este contexto, las capacidades
cognoscitivas adquieren un papel predominante, ya que permiten al jugador
interpretar correctamente lo que está ocurriendo en cada momento y responder de
forma adecuada.

Imagen 2. Las capacidades estimuladas dependerán del deporte practicado.
La propia práctica de estos deportes ya
estimula las capacidades cognoscitivas, pero el entrenamiento específico puede favorecer
que se alcance más rápidamente un alto nivel en su utilización. Las tareas
relacionadas con el análisis del entorno y la toma de decisiones son útiles
para estimular estas capacidades. Sin embargo, el entrenamiento debe evitar que
el jugador simplemente aprenda de memoria un ejercicio concreto. Para ello, no
conviene realizar un número excesivamente elevado de repeticiones del mismo
ejercicio y resulta necesario utilizar un número amplio de ejercicios,
variando especialmente las condiciones iniciales. De esta manera, se busca
estimular los sistemas que sustentan las capacidades cognoscitivas y no
únicamente conseguir el aprendizaje específico de una tarea determinada.
En definitiva, el deportista debe entenderse como una estructura
compleja en la que todas sus partes están interrelacionadas. Las
capacidades humanas no dependen de sistemas aislados, sino de la interacción
entre ellos, por lo que cualquier mejora o modificación en una capacidad puede
repercutir sobre el conjunto del deportista. Dentro de esta estructura, las capacidades
cognoscitivas adquieren una especial importancia en los deportes de
alta interacción con el entorno, ya que permiten percibir y analizar las
situaciones, procesar la información, tomar decisiones y ejecutar las
respuestas correspondientes. Por ello, su entrenamiento debe plantearse mediante tareas variadas
que estimulen la capacidad del jugador para interpretar y responder ante
situaciones cambiantes, evitando que el aprendizaje se limite a la repetición
de ejercicios concretos.
Puedes volver a la sección de Fundamentos de la táctica y el juego, perteneciente a las Capacidades cognoscitivas y la táctica en deportes de equipo en el siguiente enlace:
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